OBISPOS DE CHIHUAHUA
Tamaño de Fuente:
A
A
Mons. José de Jesús Ortiz
Primer Obispo de Chihuahua
(1849 - 1912)
José de Jesús Ortiz, nació en Pátzcuaro, Michoacán, el 29 de noviembre de 1849. Realizó sus estudios en el Colegio de San Nicolás de la ciudad de Morelia; posteriormente pasó a la ciudad de México a continuar la carrera de abogado, graduándose en el año de 1870.
Regresó a la ciudad de Morelia donde ejercitó durante algunos años la profesión y alternativamente se dedicó a la docencia en el Seminario Conciliar en donde, entre otras materias, impartió durante algún tiempo la cátedra de Física. En el año de 1874 se inscribió como alumno del mismo seminario y recibió las órdenes sacerdotales en 1880. A partir del año 1881, ya habiendo recibido prebenda del Cabildo anteriormente, se le nombra provisor y vicario general de la Arquidiócesis de Morelia.
El 10 de septiembre del año de 1893, será consagrado como obispo de Chihuahua en la Catedral de Morelia, por el arzobispo José Ignacio Arciga. El día 12 del mismo mes y año, celebrará su primera Misa Pontificial en la iglesia de San Diego, de Morelia Michoacán.
Mons. Ortiz salió de Morelia el 24 de septiembre de 1893 desviándose a Pátzcuaro antes de tomar el camino directo a Durango, en donde permanecerá algún tiempo para tratar los asuntos de la nueva diócesis con el Arzobispo Salinas y después proseguir a Chihuahua.
En la capital norteña se esperaba con impaciencia la llegada del nuevo pastor. Se organizó una apoteósica recepción que fue presidida por la Junta Católica Chihuahuense, integrada por el Gobernador de Chihuahua, General Luis Terrazas entre otros miembros prominentes de la comunidad.
Llegó a la ciudad el 3 de octubre de 1893.
Mons. Ortiz tuvo que sentar las bases de todo, puesto que no había Seminario, la Curia Diocesana, organización pastoral propia, entre otras bases.
Su calidad moral y pastoral se probó al grado que fue promovido al arzobispado de Guadalajara. Una de sus principales preocupaciones fue el Seminario Diocesano, además de que logró incrementar el clero por diversas vías.
Se pueden subrayar su gran prudencia en su trato con las autoridades civiles y su gran tacto para que los sacerdotes se dedicaran de tiempo completo a la pastoral. Al ser preconizado obispo de Guadalajara, dejó organizada la diócesis; organizó nuevas parroquias y sentó las bases del seminario. El Sr. Obispo Ortiz estuvo al frente de la Diócesis de Chihuahua hasta fines de 1902, en que el papa lo trasladó a la Arquidiócesis de Guadalajara. Falleció en la sede de su arzobispado el 19 de junio del año de 1912.
Mons. Nicolás Pérez Gavilán
(1856 - 1919)
Nació en la ciudad de Durango el 20 de noviembre de 1856, hijo del abogado Mariano Pérez Gavilán y de la señora Dolores Echeverría. La familia Pérez Gavilán se trasladó a la ciudad de México en el año de 1860, y será allá en la capital donde Nicolás cursará sus primeros estudios. Sin embargo al morir su padre retornaron a Durango, en donde el se inscribió en el Seminario Conciliar de Durango, en el año de 1869. Curso sin ninguna interrupción, concluyó sus estudios religiosos en 1881.
Posteriormente impartió cátedras en el mismo seminario y fue nombrado rector en 1895.
Fue notario y consultor de la Mitra de Sonora durante el primer Concilio Provisional realizado en Durango en septiembre de 1896. El obispo don Santiago López de Zubiría, durante el Concilio Plenario que se realizó en Roma en mayo de 1899, se llevó a Pérez Gavilán como consultor teólogo. Por su brillante participación, el Papa León XIII lo tituló prelaticio de protonotario apostólico.
El 20 de febrero de 1902, fue preconizado obispo de Chihuahua. La consagración del obispo se realizará en la Catedral de Durango el 11 de mayo del mismo año. Tomó posesión de la diócesis el 27 de mayo de 1902.
Le correspondió continuar el impulso inicial de Mons. Ortiz, para ello contó con 8 años favorables de paz. Sin embargo, los diez siguientes, la diócesis se vio envuelta en la turbulencia de la Revolución, y el mismo obispo con su clero tuvo que sufrir mucho bajo las hordas revolucionarias. Esto redujo a la Iglesia de Chihuahua a un nivel de supervivencia.
Durante su periodo de paz, le dio gran importancia a la difusión católica por la prensa y fundó la revista Católica. Se interesó por el aspecto educativo y por la proliferación de las escuelas religiosas; echó a andar el Seminario Diocesano; construyó varios templos y tuvo un trato cercano con los intelectuales de Chihuahua.
Durante el año de 1914, con la presencia de Villa en Chihuahua, la situación se tornó difícil para Mons. Pérez, quién sumamente delicado de salud, y con su clero disperso, se refugió en la Cd. de México; en 1916 regresó a Chihuahua, donde permaneció los últimos años de su vida postrado por varias enfermedades. Falleció el 3 de diciembre de 1919, a la edad de 63 años, sus restos descansan en la cripta que de la Catedral de Chihuahua.
Mons. Antonio Guízar y Valencia
(1879 - 1971)
Antonio Guízar y Valencia nació en la ciudad de Cotija, correspondiente a Zamora en el Estado de Michoacán, el día 28 de diciembre de 1879; fueron sus padres Prudencio Guízar y Natividad Valencia. Realizó sus primeros estudios en Cotija, y en la misma ciudad ingresará al Seminario; auxiliar del correspondiente seminario Conciliar establecido en Zamora al que ingresará para realizar sus estudios de Filosofía y Teología.
Se le confirió el presbiteriado el 7 de marzo de 1903. Desplegó una actividad pastoral inaudita, creando, entre otras cosas, una Congregación de Sacerdotes Misioneros llamados Esperancistas. Pero la Congregación fue suprimida en 1910. En Roma se doctora en Teología y Derecho Canónico, títulos que recibió de la Universidad Gregoriana y el doctorado en Filosofía lo obtiene en la Academia de Santo Tomás de Aquino. Emprende su regreso a México en 1913 y es nombrado catedrático del seminario de Zamora en 1919 es nombrado rector del mismo. El Papa Benedicto XV, lo eligió obispo de Chihuahua, el 30 de julio de 1920 y fue consagrado el 30 de enero de 1921.
Mons. Guízar Valencia tuvo que sufrir junto con la diócesis dos largos decenios: primero, la persecución religiosa de 1926-1929 y, después, en los años 30, la persecución impulsada por los sucesores de Calles y el cardenismo. Es decir, los primeros veinte años fueron de supervivencia, "en los que bien faltó una próspera vida católica, esa carencia se vio compensada con valiosos testimonios de fe, que dieron muchos sacerdotes y laicos, hasta llegar al ejemplo máximo del martirio del Beato Pedro de Jesús Maldonado, que murió en 1937.
Mons. Guízar Valencia enfrentó la persecución religiosa de una manera más sensata y madura que algunos de los obispos. Cuando ellos firmaron el documento para la suspención de cultos y apoyando a los cristeros, Mons. Guízar Valencia no firmó. No apoyó a ningún grupo violento, y esto dejo el camino abierto para que al finalizar la persecución tuviera una buena relación con el estado. La Iglesia tuvo así mejores condiciones que en otros lugares donde sí hubo guerra cristera.
Después de 1940 tuvo aún más de veinte años para reconstruir una Iglesia que terminó muy maltrecha después de la persecución. Así, volvieron los sacerdotes exiliados, se reabrió el Seminario, se erigieron nuevas parroquias, surgieron nuevos colegios religiosos e instituciones que vinieron a dinamizar la vida de los laicos. El acto simbólico con el que comenzó este nuevo periodo de reconstrucción fue la realización del I Congreso Eucarístico Diocesano, en junio de 1941.
Mons. Guízar y Valencia dejó una diócesis consolidada, entregó el Seminario organizado, con él, la diócesis recobró la vitalidad y alcanzó un grado de actividad pastoral que no había tenido antes; se preocupó por la formación del clero y por la acción de los movimientos de seglares; promovió con un juicio muy certero a los obispos que han surgido de Chihuahua, como Mons. Francisco Espino Porras, Mons. Adalberto Almeida y Merino y Mons. Manuel Talamás Camandari.
También propició el surgimiento de nuevas diócesis dentro del Estado.
Debido a su precaria salud y a su avanzada edad, Mons. Guízar Valencia obtuvo su retiro de la diócesis en 1962. No obstante, continuó siendo el arzobispo titular de Chihuahua hasta el 8 de septiembre de 1969, día en que Mons. Adalberto Almeida y Merino tomó posesión de la diócesis. Mons. Guízar y Valencia, forjador de la diócesis, falleció en la ciudad de México el 7 de agosto de 1971. Sus restos descansan en la cripta de la Catedral de Chihuahua.
Mons. Adalberto Almeida y Merino
Mons. Adalberto Almeida nació el 5 de junio de 1916, en Bachíniva, Chihuahua. Hijo único de Luis Almeida Alderete y María Merino. Apenas hubo cumplido 7 meses, el pequeño Adalberto quedó huérfano de padre. Don Luis fue fusilado por las fuerzas carrancistas. Doña María se alojó con sus padres, llevando al pequeño hijo. Allí, Adalberto se crió en un ambiente familiar de fraternidad y piadosidad.
El pequeño ingresó a la escuela oficial de Bachíniva. A los doce años conoció el primer sacerdote: el P. Severiano Hurtado. El mismo invitó a 8 muchachos para que fueran sus acólitos. Adalberto fue el más perseverante.
Junto al P. Hurtado, el pequeño recorrió toda la comunidad. De allí nació la vocación.
En 1929, el joven ingresó al Seminario, allí estudió 3 años de latín y un año y medio de filosofía.
La persecución religiosa desatada en el Estado de Chihuahua dispersó a los seminaristas. Un año duró la dispersión de seminaristas. Mons. Guízar logró que estudiaran en el Seminario de Durango. Posteriormente el Obispo de Chihuahua envió a Roma a estudiar a sus mejores seminaristas: Manuel Talamás Camandari (Obispo de Cd. Juárez), Carlos Enríquez (Vicario General de Cd. Juárez), Arturo García Muñoz y Adalberto Almeida.
10 años estuvo en Roma el joven Adalberto. De 1936 a 1946. Obtuvo la licenciatura en Filosofía, en Teología y Derecho Canónico, por la Universidad Gregoriana de Roma, la Universidad del Papa.
Eran tiempos de la Segunda Guerra Mundial. La ordenación sacerdotal se realizó el 24 de abril de 1943, en el templo de la compañía de Jesús. El Obispo ordenante fue el futuro Cardenal Traglia.
Tres años después cuando la guerra había acabado el P. Almeida volvió a su patria, sufriendo no pocas calamidades.
Mons. Guízar envió al joven sacerdote al Seminario Mayor, para que impartiera clases de Teología. Durante 10 años formaría varias generaciones de sacerdotes.
El en mayo de 1956 el P. Adalberto recibió la noticia de que sería nombrado obispo de Tulancingo. El 14 de agosto de 1956, Mons. Miguel Darío Miranda entregó la diócesis de Tulancingo a Mons. Adalberto Almeida y Merino. Un día después, el 15 de agosto de 1956, fue ordenado Obispo, por Mons. Antonio Guízar y Valencia.
En Tulancingo estuvo 5 años y 10 meses hasta que fue trasladado a Zacatecas.
En Zacatecas le tocó poner en práctica el Concilio Vaticano II y le tocó presidir la Comisión Episcopal de Pastoral Social y la Comisión de Arte y Música Sacra de la CEM. En Zacatecas estuvo de 1962 a 1969.
El 24 de agosto de 1969 fue anunciado su traslado a Chihuahua y el 9 de septiembre de ese mismo año tomó posesión.
En Chihuahua Mons. Almeida reorganizó el Seminario puso en práctica el Concilio Vaticano II, participo en la organización de la Unión de Mutua Ayuda Episcopal y escribió 3 cartas pastorales.
Mons. Almeida participó activamente en la formación de la conciencia cívica del ciudadano chihuahuense, en los procesos electorales.
Mons. Almeida, recibió a Su Santidad Juan Pablo II en su visita a Chihuahua el 10 de mayo de 1990.
El 24 de junio de 1991 entregó el Arzobispado de Chihuahua a Mons. José Fernández y es desde entonces el Obispo Emérito de nuestra Arquidiócesis.
Mons. José Fernández Arteaga
Mons. José Fernández Arteaga nació en Santa Inés, Michoacán el 12 de septiembre de 1933; fue el séptimo de nueve hermanos. A los 11 años de edad ingresó al Seminario de Tulancingo para vivir una experiencia vocacional por dos años. Fue en 1946 cuando formalmente comenzó sus estudios eclesiásticos.
Realizó sus primeros cuatros años en la diócesis de Tulancingo, luego la filosofía y la teología las estudió con los jesuitas en Montezuma, Nuevo México. Fue ordenado sacerdote junto con 20 compañeros a los 24 años de edad, el 6 de abril de 1957, por imposición de manos de Mons. Edwin Vincent Vyerne.
En tiempos de Mons. Adalberto Almeida como Obispo de Tulancingo, éste envió a Roma al entonces P. José Fernández para estudiar la licenciatura en derecho canónico.
Se desempeñó en distintos cargos como sacerdote de la diócesis Tulancingo de 1957 a 1974, hasta que el Papa Pablo VI lo nombró Obispo para la diócesis de Apatzingán. Recibió la ordenación episcopal justo hace 24 años, el 12 de septiembre de 1974. En Apatzingán permaneció hasta 1980, luego fue Obispo de Colima hasta 1989, cuando fue nombrado Obispo coadjutor de Chihuahua. Asumió el cargo de Arzobispo de Chihuahua el 24 de junio de 1991.
El 25 de julio de 1991, durante la Misa de la peregrinación a la Basílica de Guadalupe, convocó al I Sínodo Diocesano.
|